martes, noviembre 13

¿Monárquia o República? Hagan juego señores


Me veo obligada, por honestidad con la línea editorial de este blog, a aclarar mi posición respecto a la monarquía. Después de una profunda reflexión ideológica, filosófica y personal, puedo decir que debo considerarme a mi misma como monárquica por exclusión. Eso viene a ser un traducción al campo de la teoría política de más vale malo conocido. Y para justificar mi toma de postura analizamos algunos de los cambios que implicaría una República de España.
La imagen: en un país tan descentralizado como el nuestro, con sus sensibilidades regionales e ideológicas encontrar un símbolo unitario es complicado. ¿Qué podría ser? ¿El ejército? ¿El flamenco? ¿la sangría?
La personalidad: piensen en un presidente de una república, digan nombres, que nos gusten a todos claro, que con nuestro arco multipartidista parlamentario tenga apoyos suficientes y estables.
El dinero: gente que sabe, dice que la monarquía a España le sale barata, más cara que no tenerla y más barata que tener a un presidente que, demagogias aparte, por otro lado no va a ser cualquiera, por mucho que el derecho nos iguale a todos. Y eso de que el dinero para el que lo trabaja, pues no sé yo, se me ocurren bastantes personas que tendrían que devolver su dinero suizo.
La irritación: si alguna vez ha cerrado el HOLA con ganas de asaltar el Palacio de Invierno, o el Gabbana, me entenderá, pero ¿cree que se librará de los títulos librándoles de los cargos? pues no señor, ahí tiene a la descendencia del Sha del Persia, a los Saboya, al rey de Bulgaria, a los de Grecia, paseando palmito y joyas conservadas en los viajes al exilio, llenando las páginas de revistas como el no va más del saber vestir y del saber estar, y diciendo lo mucho que añoran su patria, esa que constitucionalmente no les dejan pisar sus amados conciudadanos.
La molestia: se imaginan el cambio. No lo quiero ni pensar, no quiero ni imaginarme las tertualias, los sondeos, las encuestas, los líderes de opinión. Estas cosas hay que hacerlas a las bravas, con revolución por medio. Una cosa rápida, seca y dolorosa. Y luego ya vendrán los sosiegos bonapartistas.

Y como me decía un profesor inglés: por el turismo, porque queda de lo más europeo y de un rancio abolengo eso de conservar ciertas cosas.

Estos ciudadanos ejemplares:








En aras de la pluralidad nuestro analista político convencido demócrata, laico y liberal explica porque España sí soportaría una III República:

¿Se convertirán los juancarlistas en felipesextistas cuando abdique padre en hijo? Los monárquicos circunstanciales de mi país me causan mucho asombro. ¿Cómo alguien puede defender una institución medieval "sólo temporalmente"? El contrafáctico de qué hubiera pasado sin el rey, con un Suárez de Presidente de republica, por ejemplo, nunca lo podremos observar. Y las bases para la democratización ya estaban ahí puestas. Suárez y el Rey fueron la cerilla que estalló la transición, pero para una explosión hacía falta pólvora y era una cuestión de tiempo (sólo hay que ver que sucedió lo mismo en los comparables Portugal y Grecia, al tiempo). Hoy la hija mayor de los reyes se separa. Dado que tuvimos que pagar aquella boda con 2000 invitados y más de 30 casas reales, ¿tiene derecho esa mujer a separarse como cualquier ciudadano normal, o no es un ciudadano normal, cosa que justifica todo el dinero público que se gastan? Si tiene derecho, al menos sería exigible que nos reembolsara los dispendios de tan magno evento celebrado en Sevilla. Y si no tiene dinero, en España no nos faltan platós de televisión donde contar las miserias de su relación con Marilachar. Lo dicho: cuando quiera, puede pasar por caja.